Sons of Anarchy fue la primera con la que me di cuenta de que tenía una teoría sobre las segundas temporadas de las series. Bastante contraria a lo que se suele escuchar sobre las segundas temporadas, por cierto.
Me costó reconocer mi teoría porque el puñado de series en las que me apoyo para explicarla no van al mismo ritmo, pero es sencilla: las hay que, directamente, son superiores en su segundo año. Mucho más que en el primero y decididamente, mucho mejores que en los que la siguen. SOA es una de estas, pero Justified también, The Office (vale que The Wire no está en esta lista, pero somehow yo le tengo cariño a Frank Sobotka, y como quiera que conocemos a Beadie Russell, también me gusta por ello) y sin duda The Good Wife. Por poner algunos ejemplos.
Yo, que consideré que la segunda de SOA fue el mejor drama de aquel año, estoy cansada y aburrida de la dirección que está tomando esta temporada. La quinta, y eso que 'no hay quinto malo'. Pues sí que hay, y no sólo no será la última sino que aún tiene que sentar las bases para dos temporadas más. Porque la serie terminará en su séptimo año. Y aunque entiendo que la quieran estirar y que haya que ganarse el pan y todo eso, no me termina de convencer lo que intentan hacer para que dure y dure.
Reconozco que estoy un poco enfadada desde que sé esto de los +2 años, pero es que la trama misma me está dando la razón. Cuando creemos que alguien ha tocado fondo, al siguiente capítulo está más hundido todavía. Con una vuelta inverosímil de guión o por culpa del cameo de uno de los niños mimados de la parrilla (en serio, Joel McHale ¿para qué sirve exactamente? En este último episodio y en general, digo). Y ya vamos al sentimentalismo absurdo cuando sabemos de sobra, y desde siempre, que en esta serie todo el que se muere se va por la puerta grande. Lo acabamos de ver, y este año ya lo hemos visto más veces. Así que el hecho de que nos intenten engañar ahora...
Esta temporada, la que siempre será una amenaza para todo aquel que comience la serie por el gran spoiler que representa, no tiene un sentido claro. A no ser que sea destrozar a Jax y que resurja, sin que sepamos cómo, por su cuenta y alejado. No sé, eso tampoco parece tener sentido. Porque lleva diciéndolo tres años, y ahora es cuando ya no nos creemos nada. Los personajes van muy, demasiado, a la deriva, y los 'malos' no son ni la sombra de lo que fueron los malos malísimos de otros años.
Una temporada de transición, como esos capítulos que tienen que ser lentos después de que una trama se parta por la mitad, a estas alturas, es reírse del espectador. Este año lo está salvando, a mi entender, el gran Jimmy Smits con su Nero Padilla. Su conexión con Jax y con Gemma (Katey Sagal) es una pasada. Me está gustando mucho Bobby (Mark Boone Junior) y sigo sin entender para qué están Chibs (Tommy Flanagan) o Tig (Kim Coates) realmente. *El último sí, pero sólo a veces*. De otros, ni hablo. (Aunque pienso como Tara (Maggie Siff), a ella también la incluyo en este grupo. Por intensa de palo. O lo haces o no lo haces, pero no des vueltas 7 capítulos, hermosa).
Y, por si no había quedado claro, estoy deseando que se acabe el año. Porque ya me estoy temiendo que ni los episodios que quedan logren salvarlo.

